POBRECICO, TENÍA HAMBRE...
El chaval iba a coger otro, pero en cuanto se enteró de que, de tragón que era, el gato se zampó hasta a un cura, viró en redondo: "¡Ah, pues entonces, ese!". No tenemos nada contra los curas, Dios nos libre; pero la idea en sí es muy llamativa. Lo cierto es que el cuento es, desde el principio al final, muy gracioso. "Spoiler": al final, todo lo tragado por el minino se salva, incluido el sacerdote...


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